lunes, 4 de enero de 2010

Pon un hijo en tu vida

Y olvidarás qué es la falta de compromiso. Eso le pasa a Will con Marcus. Pero mi sobrina tiene el doble de años que el chico y yo sigo buscando el compromiso que en mí no encuentran.

Coincido con Will en que cada cual debe ser capaz de gestionar su isla y coincido con Marcus en que es más fácil hacerlo en compañía.

Rebotan en mi cabeza las palabras de Christine. ¿Qué sentido tiene la vida si no tienes a nadie con quien salir a flote?

Hoy me voy a nadar.

Caminando, escapaba

Miré la primera vez, no te veía.
Te vi la segunda vez, era de día.
Llegaste tarde otra vez, aún no sabía
que unos días después yo te querría.

Se iluminó la mañana en que yo me fui.
Sentado, yo te miraba y luego partí
pensando en lo que buscaba, no esperé ahí.
Mi guía era el amor que yo no me di.

Escapando, caminaba, caminando, escapaba.
Escapé a donde estuve, pero hallé lo que buscaba.

Tomé el camino del sur por un buen día
que un mal día olvidó la lejanía,
guardado en el corazón que me movía
los pies del suelo a un lugar que conocía

Llegó la noche y habló, mas cuando la oí
la sonrisa que mostró ya no era por mí.
Marché al norte después, tú estabas allí.
Soñé, no sé si podré marcharme de ti.

Escapando, caminaba, caminando, escapaba.
Escapé tan lejos pude, pero hallé lo que buscaba.

domingo, 3 de enero de 2010

Bere nahiak

Emakumea baduzu,
nahiko du segurtasuna.
Ematen ez badiozu,
izango duzu galduta.

Kontuan hartzekoa da
esaten duen isila,
erantzun gabeko hitza,
bete ezinezko urruna.

Elige la esperanza

Eso hace Charlotte Gray, cuando el hombre que analiza las razones por las que quiere trabajar de espía en Francia le pide que le diga qué es más importante para ella: la fe, la esperanza o el amor.

Y lo adiviné. Sin embargo, pasados los meses, el objeto de su esperanza cambió. Lo que significaba que yo me quedaría sin ella.

También Aragorn, en la batalla del Abismo de Helm, eligió la esperanza, pues sin ella, nada se puede ganar.

Eso espero.

sábado, 2 de enero de 2010

Triste aventurado

Tomo de mi diario sanador.

Ver a Diego Alatriste me ha animado a ser un héroe que ama a quien no puede conseguir, mata a los amigos que le han de traicionar y muere porque tiene que morir. Y a pensar, en vano, que podría reconquistar a quien se ha echado en brazos de un enemigo al que nunca conoceré.

No tengo el cuerpo para alegrías y sí para peligros que nunca he ido a buscar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Encuentro romántico

En la tele un miércoles por la noche. William conoce a Anna, famosa actriz, y entre ellos surge un flechazo. Quizá su sonrisa sea demasiado grande como para que me enamore de ella - y bien sé lo que me atraen las sonrisas - pero entro en el juego y me identifico con él. A ello ayuda el hecho de que con dos mujeres ha estado y las dos le han dejado. Y cuando el guionista decide poner en boca del - en ese minuto de la película - afligido librero la afirmación de que las posibilidades de que un hombre y una mujer se enamoren son mínimas, la compasión que siento por mí se dispara. Aunque se preocupe de darnos esperanza con una pareja que demuestra dicha posibilidad.

Los inevitables malentendidos, resueltos incluso con el paso del tiempo, desembocan en un acto esperable de una persona equilibrada, de alguien a quien le importa la salud de su corazón y teme que tantos juegos malabares acaben por afectarle definitivamente. Dice no.

Pero el final feliz exige un sí, incluido el embarazo retratado en un tumbado sobre el regazo de él. Lo que todos - y yo - deseábamos.

El consuelo es que habré de esperar a esa tercera mujer, sea actriz o titiritera. Y saber que dejará su lugar de residencia para venir a vivir aquí.

¿Podría ser que mereciera tanto? Que tampoco me importaría marcharme allí.

Ah, en la vida real, Jeff, el novio actor y machista que tenía la chica, se convierte en el perfecto caballero que la seduce como ningún otro podría hacerlo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Del verano al invierno

"Si no eres Summer, eres Winter", diría Tom a mi coprotagonista, si él saliera de la pantalla de cine. Si bien, sumados los días en que la unión fue real y los que mi cabeza ha seguido recreándose en ella, no hemos llegado a estar 500 días juntos. Por desgracia, nunca he necesitado estar muchos días con una chica para pensar en ella cuando se ha ido. Por propia voluntad.

Ella, aunque dijera que no, se ha convertido en Summer. Cierto que fue Autumn durante el otoño pero, ahora que ha llegado el invierno, la realidad se ha hecho carne en forma de un tío que es un 'conquistador magistral'. Odiaría sus clases, yo, que siempre fui alumno modelo.

Un psicólogo me dirá que hago algo mal cuando son ellas las que se alejan. Entre lloros, por la pena que sienten, animando, por la admiración que me tienen. Y yo me pregunto: "Si me quieren y me admiran, ¿por qué se van?". Quizá nunca se fueron; simplemente, permanecieron en su sitio. Tan lejos como mil kilómetros o tan cerca como seiscientos. Y ellas, prácticas, dirán: "Si no te veo al volver a casa, ni me puedes abrazar, ¿dónde quieres estar?".

La confianza, la que no me dan. La de dar tiempo para arreglar las cosas. Yo soy lento. Las distancias, largas.