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jueves, 18 de febrero de 2010

Niños malos y alemanes

¿De dónde surgió la maldad de algunos de esos hijos? ¿Nacieron con ella? ¿La hicieron brotar sus padres? ¿No habría chicos así en todas partes de la Europa de aquel tiempo, cuando la Gran Guerra aún no se había anunciado? ¿Solo en Alemania podría haber surgido el nazismo? ¿Qué clase de niños fueron los serbios que masacraron a los varones de Srebrenica?

¿Por qué el hombre se reprime? ¿Y qué emociones debe reprimir? ¿Dónde está el límite? ¿Qué hace diferentes unos sentimientos de otros? ¿Los buenos de los malos? ¿Por qué tienen que ser todos humanos?

La timidez y la sinceridad, casi infantil, me atrae. El deseo de cuidar, la ternura de acariciar, el poder de proteger. Y su cara me recordaba a la de ella, cuando su gesto y su pensamiento coincidían en quererme. Ahora, no es así. Cambió. Pero prefiero el recuerdo del pasado a la mezquindad del presente. Prefiero lo bueno.

martes, 19 de enero de 2010

Trío mediterráneo

Y después de tantos días - han pasado dos domingos - no son tantas las opiniones que pueda verter ahora sobre el asunto. Me refiero a si sería capaz de compartir a una mujer con otro hombre. Que supongo que sería posible, pues siempre he creído que incluso aquello que es muy improbable puede ocurrir.

En el Mediterráneo que, hoy, es poco probable que disfrute como lo hacían la cocinera, el vendedor de pisos y el camarero. Con niños que crecen. Con amores que pasan y vuelven porque nacieron para quedarse.

Fue una tarde agradablemente nostálgica de un futuro que es pretérito.

lunes, 4 de enero de 2010

Caminando, escapaba

Miré la primera vez, no te veía.
Te vi la segunda vez, era de día.
Llegaste tarde otra vez, aún no sabía
que unos días después yo te querría.

Se iluminó la mañana en que yo me fui.
Sentado, yo te miraba y luego partí
pensando en lo que buscaba, no esperé ahí.
Mi guía era el amor que yo no me di.

Escapando, caminaba, caminando, escapaba.
Escapé a donde estuve, pero hallé lo que buscaba.

Tomé el camino del sur por un buen día
que un mal día olvidó la lejanía,
guardado en el corazón que me movía
los pies del suelo a un lugar que conocía

Llegó la noche y habló, mas cuando la oí
la sonrisa que mostró ya no era por mí.
Marché al norte después, tú estabas allí.
Soñé, no sé si podré marcharme de ti.

Escapando, caminaba, caminando, escapaba.
Escapé tan lejos pude, pero hallé lo que buscaba.

domingo, 3 de enero de 2010

Elige la esperanza

Eso hace Charlotte Gray, cuando el hombre que analiza las razones por las que quiere trabajar de espía en Francia le pide que le diga qué es más importante para ella: la fe, la esperanza o el amor.

Y lo adiviné. Sin embargo, pasados los meses, el objeto de su esperanza cambió. Lo que significaba que yo me quedaría sin ella.

También Aragorn, en la batalla del Abismo de Helm, eligió la esperanza, pues sin ella, nada se puede ganar.

Eso espero.

sábado, 2 de enero de 2010

Triste aventurado

Tomo de mi diario sanador.

Ver a Diego Alatriste me ha animado a ser un héroe que ama a quien no puede conseguir, mata a los amigos que le han de traicionar y muere porque tiene que morir. Y a pensar, en vano, que podría reconquistar a quien se ha echado en brazos de un enemigo al que nunca conoceré.

No tengo el cuerpo para alegrías y sí para peligros que nunca he ido a buscar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Encuentro romántico

En la tele un miércoles por la noche. William conoce a Anna, famosa actriz, y entre ellos surge un flechazo. Quizá su sonrisa sea demasiado grande como para que me enamore de ella - y bien sé lo que me atraen las sonrisas - pero entro en el juego y me identifico con él. A ello ayuda el hecho de que con dos mujeres ha estado y las dos le han dejado. Y cuando el guionista decide poner en boca del - en ese minuto de la película - afligido librero la afirmación de que las posibilidades de que un hombre y una mujer se enamoren son mínimas, la compasión que siento por mí se dispara. Aunque se preocupe de darnos esperanza con una pareja que demuestra dicha posibilidad.

Los inevitables malentendidos, resueltos incluso con el paso del tiempo, desembocan en un acto esperable de una persona equilibrada, de alguien a quien le importa la salud de su corazón y teme que tantos juegos malabares acaben por afectarle definitivamente. Dice no.

Pero el final feliz exige un sí, incluido el embarazo retratado en un tumbado sobre el regazo de él. Lo que todos - y yo - deseábamos.

El consuelo es que habré de esperar a esa tercera mujer, sea actriz o titiritera. Y saber que dejará su lugar de residencia para venir a vivir aquí.

¿Podría ser que mereciera tanto? Que tampoco me importaría marcharme allí.

Ah, en la vida real, Jeff, el novio actor y machista que tenía la chica, se convierte en el perfecto caballero que la seduce como ningún otro podría hacerlo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Del verano al invierno

"Si no eres Summer, eres Winter", diría Tom a mi coprotagonista, si él saliera de la pantalla de cine. Si bien, sumados los días en que la unión fue real y los que mi cabeza ha seguido recreándose en ella, no hemos llegado a estar 500 días juntos. Por desgracia, nunca he necesitado estar muchos días con una chica para pensar en ella cuando se ha ido. Por propia voluntad.

Ella, aunque dijera que no, se ha convertido en Summer. Cierto que fue Autumn durante el otoño pero, ahora que ha llegado el invierno, la realidad se ha hecho carne en forma de un tío que es un 'conquistador magistral'. Odiaría sus clases, yo, que siempre fui alumno modelo.

Un psicólogo me dirá que hago algo mal cuando son ellas las que se alejan. Entre lloros, por la pena que sienten, animando, por la admiración que me tienen. Y yo me pregunto: "Si me quieren y me admiran, ¿por qué se van?". Quizá nunca se fueron; simplemente, permanecieron en su sitio. Tan lejos como mil kilómetros o tan cerca como seiscientos. Y ellas, prácticas, dirán: "Si no te veo al volver a casa, ni me puedes abrazar, ¿dónde quieres estar?".

La confianza, la que no me dan. La de dar tiempo para arreglar las cosas. Yo soy lento. Las distancias, largas.